Crítica a La Rosa de Versalles

La Rosa de Versalles Book Cover La Rosa de Versalles
Riyoko Ikeda
Drama, histórico, romance, shoujo
Margaret (Japón); Azake (España)
1973-1974 (Japón); 2010 (España)

Hoy os traemos uno de esos mangas míticos de los que todos hemos oído hablar pero… ¿es merecida la fama?

La rosa de Versalles es una obra de Riyoko Ikeda publicada para la revista Margaret entre 1973 y 1974. Cuenta con el spin-off Eikoku of Napoleon. Fue adaptada al anime en 1979. En España fue licenciada por Azake (2010) pero está descatalogada.

Lady Oscar, críada como si fuese un hombre, es la comandante de la Guardia Real en el Versailles del siglo XVIII. Allí es destinada a proteger a la nueva princesa real, la joven y despreocupada María Antonieta. La historia sigue la vida de ambas hasta los sucesos de la Revolución Francesa.

Si hay algo que me ha impactado de este manga, es la narración. Ryoko Ikeda es una maestra indiscutible de la concisión, contando muchísimo utilizando muy pocas palabras, y esas pocas palabras son hiladas con una prosa tal que invita a pensar que estamos leyendo la adaptación de una novela en lugar de una obra original. Sus diálogos, dinámicos pero apasionados, son otra de las piezas clave para apreciar el manga, ya que sostienen casi enteramente la narrativa y proyectan una intimidad y unos tintes personales que muy pocas autoras saben alcanzar.

La historia transcurre a lo largo de unos veinte años, reflejando los saltos de una forma clara y que siempre nos hacen estar bien situados. Los sucesos se narran de una forma ágil pero constante, sin ningún momento de freno o descenso de calidad; al contrario, los últimos tomos son un crescendo hasta un final que, aunque todos conocemos, consigue hacer saltar alguna lágrima.

Hablemos de personajes. Lady Oscar es, junto a María Antonieta, la protagonista indiscutible del manga. Oscar es un personaje sumamente complejo cuyo punto central es la división continua de todo cuanto toca su vida: fue criada como un hombre pero, aunque agradece la libertad, también querría poder actuar más libremente como una mujer; siente un gran afecto por María Antonieta pero no puede evitar mirar con recelo todo su despilfarro; es una condesa pero eso no le impide sentir empatía por los revolucionarios. Esta lucha interna se va haciendo más obvia según pasan los años y aunque nunca se menciona de forma explícita, hay una infinidad de sutilezas que nos intentan hacer entender a Oscar. Al final, la protagonista acaba siendo una figura misteriosa, alguien a quien sentimos cercano, una figura apasionada y valiente a quien seguiríamos a la batalla sin dudarlo. Una heroína como pocas iguales ha dado el shoujo.

La representación de María Antonieta es probablemente el punto más interesante de este manga. La última reina de Francia, vilipendiada por la historia y tratada como la mujer más vanidosa y egoísta de su época, es representada desde una perspectiva inusual. En La rosa de Versalles la joven María Antonieta es retratada como una adolescente descuidada, más dada a los juegos que al estudio e impresionable pero también se muestra como alguien de un gran corazón y capaz de iluminar cualquier habitación con su presencia y su sonrisa, como una reina digna y orgullosa pero también como una mujer con defectos y debilidades como cualquier plebeya. Aunque podemos ver todo el lujo y despilfarro y la ausencia total de arrepentimiento por ello, se nos invita a empatizar con ella, a ir un paso más allá y comprenderla de una forma íntima y personal.

Los personajes secundarios, tanto ficticios como reales, también están muy trabajados. Todos tienen un trasfondo y una historia que acabamos conociendo con mayor o menor detalle, y todos -especialmente André, y Farsen- aportan un valor a la historia que, en suma, es incalculable.

Entremos al dibujo. Riyoko Ikeda es probablemente el máximo exponente de los ojos con brillos exageradísimos del manga setentero. Dicho eso, pongámonos serios. Ikeda es una maestra de la expresión y de como los pequeños detalles pueden alterarla. La mitad de la historia está en estas sutilidades, en las miradas cuando dos personajes quieren pero no pueden decir nada, en las lágrimas silenciosas de desesperación…

La anatomía, como es clásico de esta década, es extremadamente estilizada, con piernas infinitas y un cuidado casi obsesivo en la anatomía de las manos.

Lo más destacable probablemente sea la distribución de viñetas, los efectos, y la gran fluidezde lectura entre ellas, que acompaña y resalta la agilidad de los diálogos y enfatiza las escenas puramente de acción.

Comencemos por la parte técnica. La Rosa de Versalles retrata fielmente todos los sucesos que llevaron a María Antonieta de ser una princesa querida por el pueblo hasta su caída en desgracia durante la revolución. Aunque hay bastantes personajes ficticios, se reflejan fielmente todos los sucesos que marcaron la época: el affaire del collar, el romance con el Conde Fersen, el ascenso de Robespierre, etc…

La ambientación también está sumamente cuidada, siendo especialmente generosa al reflejar la alta costura de la época y dando gran atención al diablo de los detalles, prodigándose con los fondos en el palacio y en París.

La rosa de Versalles es un clásico con una fama más que merecida, un manga que marcó una generación de lectoras y que le valió la Orden Nacional de la Legión de Honor francesa a Riyoko Ikeda. 10/10 Alors enfants de la patrie.

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