Crítica a Lobo solitario y su cachorro

Kozure Ookami (Lobo Solitario y su cachorro) Book Cover Kozure Ookami (Lobo Solitario y su cachorro)
Kazuo Koike (guión); Goseki Kogima (dibujo)
Acción, histórico, samurai, seinen
Manga Action (Japón); Planeta De Comics (España)
1970-1976

Es uno de los clásicos más conocidos en nuestro país, quizás el primero en el que muchos piensen al pensar en seinen, ¡y vamos a reseñarlo!

Lobo Solitario y su cachorro (conocida también como Lone Wolf & Cub o Kozure Ookami) es una obra del dúo formazo por Kazuo Koike -guión- y Goseki Kogima -dibujo-, publicada entre 1970 y 1976 en la revista Manga Action. Ha sido adaptada en infinidad de series de animación y películas de imagen real. En España podemos encontrarla -en varias ediciones, estando la más nueva en publicación actual- gracias a Planeta de Comics.

Ogami Itto, noble encargado de llevar a cabo las ejecuciones en nombre del Shogun, es incriminado falsamente de conspirar contra este. La familia Yagyu, ansiosa de un mayor poder, está detrás de todo e Itto y su hijo de tres años juran venganza aunque para ello tengan que renunciar al camino del Bushido y convertirse en demonios -no literalmente- del meifumado, el camino al infierno.

Los dos primeros tercios del manga son bastante pesados, salvando la historia del pasado de Itto. Son, básicamente, 80 capítulos de historias sueltas cortas o autoconclusivas, que enfarragan la lectura y hacen que el conjunto del manga resulte muy pesado. No obstante, el último tercio hace que todo lo anterior merezca la pena. Es, principalmente, el desenlace de la historia entre Itto y los Yagyu y resulta muchísimo más dinámico e impactante que los capítulos anteriores.

Es un manga de acción pero que no se queda en la parte de dar hostias sin más y ser hipermasculino. En los momentos cruciales consigue evocar emociones al lector, sentimientos de nobleza, de honor, y de solemnidad. Esto es especialmente notable en los últimos capítulos, siendo la última escena del manga un alarde de como llevar al lector a las lágrimas, no de tristeza, si no de respeto y aceptación de todo lo que ha sido.

La ambientación es impecable, y a través de la historia se narran tramas históricas reales que sucedieron en la época, siempre con la ficción justa para cuadrar a los personajes ficticios en el centro de todas. A través de los capítulos podemos ver la vida cotidiana de todos los estratos de la sociedad japonesa de la época, especialmente de las clases más bajas.

Entrando en los personajes, Ogami Itto es la hipérbole del samurai, aún habiendo renunciado al bushido. Habla poco, pero siempre en el momento justo, cumple las tradiciones, y antepone su honor y su familia a todo lo demás, incluso a su propia vida. No se puede hablar de evolución como tal porque, una vez emprendido el meifumado, no hay cambios posibles, pero sí que se puede hablar de profundidad, ya que a lo largo de los capítulos podemos ver que Itto no es de piedra y que aún siendo un demonio en la tierra, tiene bondad y es justo.

Siempre digo que hacer personajes infantiles creíbles y complejos es, bueno, complicado, ya que los niños todavía no han tenido tiempo de tener experiencias ni de formar personalidades profundas y, en cualquier caso, pocos mangakas serían capaces de reflejar algo así. Daigoro es la excepción. Es un niño que apenas sabe hablar pero tiene más profundidad que la mayor parte de los personajes del shounen medio. A través de sus actos y, sobretodo, de la sensibilidad de sus expresiones, podemos entenderle tan bien como entenderíamos a cualquier adulto, y ver que es un niño con personalidad, pensamientos y experiencias propios.

El dibujo ha sido con diferencia lo que más he disfrutado. Caracterizado por líneas muy definidas y marcadas pero sin excesivo detalle, lo que más se enfoca en cuidar es la expresividad de los personajes a través de los gestos y de los pequeños, pero reveladores, matices en la expresión.

Lo más destacable, quizás sea el uso de los planos. Las secuenciaciones, casi filmográficas, cargan con todo el peso narrativo del manga, midiendo al milímetro el efecto de los blancos entre una viñeta y la siguiente. En más de una ocasión, he sentido que estaba viendo una película más que leyendo un manga.

Lobo Solitario es considerada, generalmente, como una de las obras maestras de la historia del manga. Puedo entender esto desde el punto de que su influencia es innegable en muchísimas otras obras, especialmente dentro del seinen de samuráis, pero no ha envejecido bien. El hilo principal del manga es impresionante, toda la historia de Itto con los Yagyuu es prácticamente perfecta; pero los capítulos ajenos a esta hacen que el conjunto se haga farragoso y pesado de leer. Quizás esto último cambiase si, en vez de 40-50 páginas, los capítulos tuviesen 20 ó 30 menos; pero con esa longitud, el relleno cansa.

Lobo solitario y su cachorro es una gran obra, sí, pero es un manga que solo recomendaría a lectores con un cierto recorrido a sus espaldas, que quieran profundizar en los orígenes del seinen actual y en el gekiga; no a lectores nuevos, ya que, si no tienes un cierto interés y una cierta imagen de lo que es, se puede hacer terriblemente densa. 8/10.

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