Crítica a Riki-Oh

Riki-Oh Book Cover Riki-Oh
Tetsuya Saruwatari
Acción, aventura, seinen
Business Jump
1988-1990

No entiendo por qué tenía esto en mi lista, pero estaba ahí y lo leí para que vosotros no tengáis que hacerlo.

Riki-Oh es una obra de Tetsuya Saruwatari publicada en la Business Jump a finales de los 90. Tiene una adaptación de imagen real que es considerada de culto entre las películas de serie B.

A finales de los 90, con la sociedad descendiendo en una espiral de totalitarismo y anarquía, llega Saiga Riki-Oh, un lobo solitario dedicado a exterminar el mal karma de la gente. Para reconectar con un hermano perdido hace mucho y resolver el misterio detrás de su familia separada y la estrella de David en su mano, se abre paso a hostias entre gangsters, artistas marciales corruptos, y más, mientras deja tras de sí tanto aliados feroces como enemigos loquísimos.

(Fuente: Unami)

¿Por qué nadie me avisó de que no era un manga serio? Y no, desgraciadamente nunca se me ocurrió investigar más allá de que existía una película antes de leerlo. Riki-Oh es una cuestión de expectativas: Yo esperaba algo como el Puño de la estrella del norte, quizás con algo más de sangre, y encontré… algo. Riki-Oh, al igual que Hokuto, es -muy a grandes rasgos y salvando muchísimo las distancias- un drama familiar. El protagonista tiene un conflicto con su familia y debe resolverlo de una forma u otra. La diferencia es que en Hokuto el argumento tiene sentido, los personajes son más o menos memorables, y a rasgos generales, es un manga redondo y bueno. Riki-Oh, no.

Riki-Oh es un festival de sangre, gísceras, y deus ex por todas partes. Sin olvidarnos todo el tema de complots históricos nazis, paranoia religiosa judía, y aliens. Sí. Aliens.

Y todo esto estaría bien si no pretendiese ser un manga serio. Si no aspirase a ser algo más que un festival de hiper-masculinidad y hostias sin sentido, como tantos otros, casi lo aplaudiría, porque cumpliría perfectamente con ese cometido. El problema es que pretende ser serio. Pretende que el lector, sobrio, se tome en serio toda la línea argumental que no hay quien se fume.

La progresión de los arcos también es una maravilla. Va tal que así:

  • Riki llega a alguna parte chunga.
  • La gente de la parte chunga sufre mucho porque hay alguien oprimiéndoles.
  • Riki se enfrenta contra tipo aleatorio #1 que luego se hace su aliado
  • Malo de turno envía unos cuantos secuacies a los que Riki se carga en cero coma pero acaba debilitado tras la lucha
  • Riki las pasa canutas
  • Riki se recupera
  • Pelea más o menos larga con Malo de turno en la que se descubre por qué es tan malo con Riki
  • Malo de turno / persona mayor de fondo amiga de Riki revela cosas sobre su familia que le llevan a otra parte chunga
  • Repetir

Riki-Oh es ese esquema repetido unas tres o cuatro veces con un final totalmente exagerado y apoteósico. No tiene más. No hace falta que la leáis. Ya sabéis todo lo necesario.

Pasemos a hablar de personajes. Con ese argumento, imaginaréis que los personajes son el culmen del desarrollo y la profundidad psicológica. Bueno, pues tengo una mala noticia…

Riki Oh es el héroe de la violencia, una especie de soberano heróico totalitario: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Voy a salvar gente, pero solo a los buenos, a los malos les doy tanta caña que desearían no haber nacido. Pero entonces le da la vena compasiva y decide perdonar a alguno suelto. Pero entonces vuelve a ser una máquina de matar según el autor se pueda permitir a nivel argumental. Riki tiene grandes pies y grandes manos, pero ni atisbo de cabeza. Es un personaje poco creíble y que ya bastante hace intentando soportar el argumento terrible en el que está metido.

Entre los malos tenemos un repertorio clásico donde los haya con: director de prisión malo como la quina, hermano gemelo maligno, homosexual afeminado y sádico, y Dios. Por citar algunos.

El resto de secundarios no tienen demasiada relevancia y se pueden resumir en gente aleatoria que ayuda a Riki y gente que llora y grita mucho con algún niño mono ocasional. Y ya.

El dibujo es el único punto redentor del manga. Inexpresivo pero con ese encanto ochentero tan característico y nostágico. Las escenas de acción están bien y es por lo único que recomendaría leer el manga: por las hostias como panes y la inmensa cantidad de gore que hay en ellas. Los fondos y el nivel de detalle varian según el humor del autor en el momento de hacerlos.

Conclusión: ¿Para qué queréis leer esto? Si queréis hostias finas e hipermasculinidad, leed El puño de la estrella del norte; si ya lo habéis leído, enchufad Max Mad, y si ya lo habéis hecho y seguís queríendo hostias finas e hipermasculinidad, dadle una oportunidad a Sailor Moon o algo.

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