Crítica a Ikigami

Ikigami Book Cover Ikigami
Motoro Mase
Acción, misterio, drama, psicológico, seinen
Young Sunday (Japón); Panini (España)
2005-2012

Hoy os traemos una de esas obras maestras escasas y geniales que hay por el panorama. Un manga distópico que, además, está publicado en España.

Ikigami es una obra de Motoro Mase publicada en la Young Sunday entre 2005 y 2012. En España podemos disfrutarla gracias a Panini. No tiene adaptación al anime.

Atrévete a vivir como si fueras a morir mañana. En este país hay una ley, la Ley para el sostenimiento de la prosperidad estatal. Consiste en el reparto de unos comunicados, los ikigami, que notifican la muerte a unos pocos elegidos para que los ciudadanos respeten la vida y contribuyan al progreso del país. A quien recibe el comunicado le resta sólo día de vida… Sólo 24 horas… ¿A qué hay que dedicar ese último día? ¿Cómo debo afrontarlo? ¡¡He aquí un drama llevado al extremo que te hará encoger el alma!!
(Fuente: Panini)

Ikigami son dos cosas: una serie de historias cortas en sucesión, y una historia larga que las une y les da contexto dentro del universo de la historia. Es como un lienzo: las historias cortas son pinceladas gordas, que dan volumen y unos tonos generales; y la historia larga es como las pinceladas finas, que definen, matizan, y  dan profundidad al lienzo.

Las historias cortas se centran principalmente en el análisis de casos concretos, de cómo un personaje puede reaccionar a la tensión que supone saber que vas a morir en 24 horas sin alternativa posible. A través de ellas, el autor experimenta con distintos perfiles, indagando en la psique de personajes de distintos géneros, edades, clases sociales, con distintos pasados y motivaciones. Aprovecha estas tramas para denunciar aspectos de nuestra propia sociedad, como el acoso escolar o la presión social desmedida para obtener éxito. También analiza en profundidad las relaciones y el funcionamiento de las familias y cómo estos lazos pueden afectar al crecimiento y desarrollo de sus miembros. Se nota muchísimo el aprecio del autor por la cultura urbana, ya que le dedica un par de capítulos haciendo un énfasis especial en explicarla y defenderla.

En general, todas estas historias siguen el mismo esquema pero están bien construidas: Introducción, personaje recibe el ikigami, personaje piensa que hacer con el ikigami, giro de guión, resolución, conclusión con el repartidor de ikigamis. Pero a pesar de ser variaciones continuas del mismo esquema, la narración fluida  -que equilibra bien los momentos de acción y los de reflexión- consigue que resulten coherentes y amenas de leer. A esto contribuye en gran medida ese segundo hilo, mencionado al principio, en el que voy a profundizar ahora

La línea secundaria, que de otra forma podría definirse como la principal, se va desarrollando poco a poco a lo largo de los capítulos. Por un lado, está presente explícitamente al principio y al final de cada capítulo a través de la vida del repartidor de Ikigamis; por otro, está presente implícitamente a través de los detalles y las menciones, más o menos sutiles, de las historias secundarias. Así, poco a poco, el lector se va formando una imagen mental de lo que está pasando realmente en la sociedad retratada por el manga, de todas las anormalidades que presenta, y de cómo el paso del tiempo y acontecimientos afectan a la narración. Por supuesto, todos estos hilos no se dejan sueltos y desembocan directamente en que el último tomo se centre en ellos por completo para dar sentido al conjunto de todo el manga.

Ikigami es uno de los mangas distópicos más interesantes que han caído en mis manos, con los elementos de las distopías más clásicas: enemigo invisible, patriotismo exaltado, y paranoia social, al más puro estilo de 1984. Es brillante el análisis de una sociedad totalmente alienada por el sentido del deber hacia la patria, el miedo a ser denunciado como anti-patriota por cualquiera, y la posibilidad constante de que comience una guerra. Mase analiza cuidadosamente todas las facetas de esta realidad: a los fanáticos del gobierno, a las masas que viven sin cuestionar su realidad, y a aquellas facciones que dudan y se rebelan contra toda la sociedad. También dedica especial atención a los mecanismos que regulan el sistema.

Fujimoto es un protagonista especialmente complicado de llevar ya que, por un lado, tiene que mantenerse lo suficientemente al margen como para que las historias cortas tengan foco de atención, pero por otro, tiene que desarrollarse lo suficiente como para poder soportar el clímax del final del manga sin que parezca forzado. Mase vuelve a conseguirlo y crea en él un protagonista equilibrado en el que es fácil identificarse, pero que mantiene suficiente individualidad y distancia como para que resulte interesante. Fujimoto es un personaje lleno de sutilidades y en el que, a través de ellas, se puede ver cómo evoluciona en las pocas páginas que recibe en cada capítulo. Es la transición ideal de aquella persona que acepta el sistema, luego lo cuestiona, y finalmente lo desafía. Es casi un héroe romántico.

Hablando de intereses románticos, Nanase Kubo es un personaje que, por sí misma, cojea, que en un sentido aislado no tendría ningún sentido especialmente relevante, pero que de alguna forma consigue tener la relevancia de ser en gran parte el detonante del cambio profundo en Fujimoto. Es un elemento controlado que se descontrola, el imprevisto. Para que la evolución de Fujimoto tenga sentido, es necesario un elemento clave, un desestabilizante, y aunque no tendría por qué ser necesariamente el amor, es el que Mase escogió para dar sentido a ambos personajes. De una forma simbólica, representa el triunfo del amor y la paz de las sociedades sanas frente al odio y la violencia de la sociedad del manga. También es destacable todos los paralelismos de esta relación con la de los protagonistas de la obra de Orwell.

Pasando a los secundarios, Mase, intenta analizarlos dentro de la objetividad, subjetiva a la individualidad de los propios personajes, por lo que aún en los individuos más extremos, veremos matices que sin pretender justificarlos, les dan humanidad y les hacen cercanos al propio lector. En general todos están bien construidos, con unas motivaciones claras e interesantes, aunque sin llegar a una complejidad que pudiese eclipsar las historias particulares narradas.

El dibujo de Mase es extremadamente limpio, con un gran cuidado en el uso de grises, y manteniendo siempre un aspecto claro y ordenado, incluso en las escenas de acción más caóticas. Esto contrasta en aquellos momentos del manga especialmente dramáticos, en los que, sin renunciar a lo anterior, oscurece las escenas centrándose en el uso de tonos oscuros y recurriendo al claroscuro. Presta una gran atención a la expresividad de los personajes, reflejando en el dibujo todos los cambios internos, por sutiles que sean. Esto es un punto clave, ya que es uno de los principales apoyos para entender la evolución tanto del protagonista como -especialmente- de los protagonistas de las historias cortas.

La edición de Panini, en formato 2P con tapa rústica y sobrecubierta con una traducción bastante cuidada, me parece especialmente destacable.

Ikigami es uno de esos pocos mangas que, por todo lo anterior, no dudaría en destacar como una obra maestra. Imprescindible si os gustan las distopías y/o el manga psicológico.

 

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