Crítica a Kakukaku Shikajika

Kakukaku Shikajika Book Cover Kakukaku Shikajika
Akiko Higashimura
Josei, slice of life
Cocohana
2011-2015

Muchos estamos a punto de entrar en exámenes finales y aunque no lo estuviésemos… ¡Nunca viene mal algo de motivación!

Kakukaku Shikajika es un manga de Akiko Higashimura (a la que muchos conoceréis por ser la autora de Kuragehime) publicado entre 2011 y 2015 en la revista Cocohana. Aún no está publicado en España aunque, personalmente, lo veo como un candidato firme para los próximos años.

El argumento es sencillo: es una autobiografía de la autora desde su adolescencia hasta que se hizo un hueco dibujando manga.

Es un slice of life, un manga sobre vida cotidiana: aún más, una autobiografía, así que no esperéis nada que se salga de lo común. Y eso no es malo.

Justo por ser una autobiografía vemos una historia con la que podemos identificarnos. Akiko es una adolescente totalmente normal, con un sueño que no sabe si va a llegar a cumplir y un camino que a veces controla y otras veces la obliga a desviarse. Vive el día a día, intenta hacer las cosas lo mejor que puede, a veces acierta y otras veces no puede meter la pata más hasta el fondo.  En este aspecto, ver como una chica totalmente corriente, a base de esfuerzo y un poco de suerte, consigue lograr sus metas a pesar de que no siempre lo tiene claro y de que duda y da rodeos, me parece lo más inspirador que he leído en años. Todos somos humanos y no todos tenemos la suerte de saber lo que queremos o saber cómo conseguirlo desde el principio.

Una parte importantísima del manga me parece el tratamiento y la relación con Hidaka-sensei, el profesor de arte. En la historia vemos como la relación de Akiko con él no es perfecta y cómo muchas veces comete errores, errores de los que más tarde te acompañan por las noches y te agrían y te hacen desear el poder disculparte: esos errores tan amargos de los que todos tenemos alguno. Y en el momento de la historia, no es consciente de cometerlos, como la mayor parte no lo somos cuando lo hacemos. Ese contraste entre el personaje descuidado y la narradora compungida está llevado de una forma cercana, directa y dolorosa, pero también es un bálsamo, pues al ver nuestra propia experiencia (que en estos casos suele tener un componente íntimo) reflejada nos alivia, porque vemos que no hemos sido los únicos en hacer daño y en romper cosas irreparables sin darnos cuenta en el momento que lo hicimos.

Al ser Akiko una autora de manga y una artista, la obra también deja ver los entresijos de estos mundos. Por un lado, vemos el ambiente universitario de las escuelas de arte, llenas siempre de gente un tanto peculiar (no os ofendáis, lectores artistas, esto lo digo totalmente como un halago). Por otro lado, vemos el frenético mundo en el que viven los autores de manga, dibujando todo el día, casi sin poder descansar y pendientes constantemente de las fechas de entrega.

La narrativa es sencilla, sin adornos, muy reflexiva y muy elegante. Como una confesión íntima de una amiga frente a un cálido café. Nos sentimos confidentes del pasado de una autora que, para contárnoslo, alterna magistralmente (sí, magistralmente porque lo que utiliza es un recurso muy complicado y lo lleva a la perfección) entre la historia de su juventud, mostrada como presente, y la narrativa, líneas en las que la autora matiza la trama principal y reflexiona, siempre en pasado, sobre cómo era cuando sucede la historia.

Como he mencionado antes, Akiko es un personaje corriente, gris. No me malinterpretéis, por gris me refiero a que es como cualquiera de nosotros y no se la puede calificar de mala o buena como a los personajes de tantas otras historias. Es una chica energética, le gusta la fiesta, es constante en su trabajo pero también es egoísta, es vaga y no siempre está ahí cuando se la necesita. La autora se ha reflejado de la forma más fiel posible, sin exaltar sus virtudes pero tampoco sin ocultar sus defectos. Akiko es una declaración de honestidad.

Hidaka-sensei es un personaje que si viésemos en otra obra probablemente nos parecería una exageración y una caricatura, pero en el contexto de Kakukaku se antoja totalmente real. ¿Quién no conoce a una persona especialmente excéntrica? Quizás sea por el sentimiento de culpa de la autora, pero aparece enaltecido y con grandes virtudes, sin ocultar los detalles peculiares que, al fin y al cabo, sirven para darle carácter. Es la figura del maestro, de ese alguien que siempre va a estar apoyándote aún siendo duro, de la persona a la que siempre puedes recurrir y que se alegrará por tus triunfos y apenará por tus fracasos. En cierto modo, Kakukaku Shikajika puede verse como un homenaje de una alumna que ha triunfado al maestro con el que nunca se llegó a sincerar.

El dibujo es monísimo: muy redondeado, pulido y dinámico, con una expresividad y un estilo totalmente propios e inconfundibles. Higashimura usa con gran maestría la paleta de grises y aprovecha al máximo las formas de repartir el espacio en las viñetas para dar matices a la historia.

Kakukaku Shikajika es un manga fácil de leer, ameno, bien dibujado y, sobretodo, motivador como pocos. Sello de calidad de Vals Lagun.

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