Crítica a Heads

Heads Book Cover Heads
Higashino Keigo (historia), Motoro Mase (dibujo)
Acción, drama, misterio, ciencia ficción, psicológico, seinen
Young Sunday
Del 18 de julio de 2002 al 24 de abril de 2003

No siempre voy a reseñar cosas horribles cuando me toca, y las voy compaginando de vez en cuando con cosas tan buenas como la que toca hoy. Heads es un manga que está infravalorado al máximo, y creo que a bastante gente le gustaría si le dieran una oportunidad. En mi caso, por lo menos, fue un favorito instantáneo.

Para empezar, lo básico: el manga parte de una novela escrita por Keigo Higashino, un escritor que destaca en el ámbito del misterio y la novela policíaca, y que cuenta con varias sagas consolidadas y (relativamente) populares dentro de Japón. Eso no termina de convertir a Heads en un manga policíaco, ya que el peso del argumento recae sobre los sentimientos que pasan por la cabezaHAHAHAHAdel protagonista. Y es una suerte, porque haber centrado la atención en la investigación policial hubiera sido un fiasco. No sé cómo sería originalmente la novela, pero el equilibrio que encuentran ambas especialidades del autor en Heads está muy bien llevado y adaptado. heads-1570106

Lo cruel de Heads, sin embargo, es que empieza de una manera muy suave y muy dulce: Jun, un salaryman japonés promedio al que le gusta ser extremadamente tímido dibujar, conoce a Megumi, que es la cajera de la tienda de artes en la que suele comprar. El amor florece (y puedo jurar que son las escenas más bonitas, sin llegar a ser cursis, que he visto últimamente), y acaban viviendo juntos. Hasta aquí todo normal y todo bien.

El problema viene cuando Jun se ve involucrado en el típico asalto violento a un banco, que es rápidamente tomado por un hombre armado hasta los dientes y sin escrúpulos aparentes, dispuesto a disparar a todo lo que se mueva. Pero claro, ALGUIEN TENÍA QUE MOVERSE (la típica niña pequeña, cómo no). El balazo lo recibe Jun en plena cabeza, sin posibilidad de error. Heads

Cuando se despierta (¡sí, se despierta!) le comunican que ha sido el protagonista del primer trasplante exitoso de cerebro del mundo. Bueno, se aclara que había habido intentos y cosas parecidas, pero el suyo es el primero que se realiza en circunstancias tan… particulares. No sólo conviven dos cerebros diferentes (el suyo propio, y la mitad de uno ajeno, sustituyendo la parte dañada por la bala), si no que el donante “anónimo” era extremadamente compatible con él, con posibilidades de uno entre millones de tener tanta afinidad.

La historia no dista de lo que uno se puede imaginar desde ahí: paranoia, paranoia y más paranoia. Claro que sí, Jun tiene un cerebro que no es suyo y empieza a cambiar de una manera bestial. Al fin y al cabo, el cerebro trasplantado sigue casi intacto desde la última vez que fue utilizado dentro de su dueño original. Y ese es un gran problema: que hay mucho secretismo para con quién es el donante, y no hace más que agravarlo todo.

En general, la paranoia del cambio de cerebro y personalidad se va soltando poquito a poco. Empieza con tonterías como “No he dibujado las pecas (que tanto me gustan) de mi novia cuando le estaba haciendo un retrato”, y acaba por verdaderos ataques de descontrol agresivo por parte de Jun, que está varias veces al borde de matar a alguien. Es tan progresivo el cambio que produce un fenómeno curioso en el espectador: como Jun va notando los cambios muy lentamente y los va manteniendo en secreto para todo el mundo (salvo para el que lee), hace que uno se sienta identificado por lo normal de la narración, y hasta preocupado. Puede que sea sólo una cosa mía, pero llegó un momento en el que estaba tan inmersa en la lectura que me vi dándole vueltas a las paranoias como si fuera también mi problema.

Lo bueno es que dicha paranoia no llega a cansar ni a confundir, y en todo momento está claro lo que está ocurriendo. No hay nudos que se queden sin atar y no llega a aparecer nada que pueda ser considerado “fuera de lo común” (si tratamos el trasplante de cerebro como algo normal, claro). Es lo que pasa si contamos cosas fantásticas de una manera muy normal, y lo hacemos poco a poco: no llega a crear caos. Al menos, yo no creo que la intención fuera la de confundir, y tira más del misterio. El ritmo narrativo es completamente lógico, vamos. 2

De esto tienen también mucha culpa los personajes, porque hacen un papel sin dejar de ser del todo realistas. La relación de Jun con Megumi, por decir solamente una, es una de las más realistas que he llegado a ver plasmadas en un manga. Podrían ser perfectamente una pareja real, y no tienen absolutamente nada de forzado. Y esto se aplica a todos los personajes: todos están cumpliendo una función y todos parecen haberse involucrado en el problema por una cosa u otra, pero no dejan de parecer reales. Podrían seguir con su vida después de todo lo que nos cuenta Heads, cosa que me parece muy importante.

Otro punto fuerte es que no se descuida a ningún personaje secundario, pudiendo casi decir que todo el “reparto” tiene una importancia similar. Los personajes me gustaron mucho, con todos sus motivos y secretos ocultos.

Algo que sí hice al leer Heads fue encontrarle una extraña similitud con otro manga/anime: Akira. Esto lo comparo simplemente porque me recordó mucho una cosa a la otra mientras estaba leyendo, y me parecía curioso compartirlo. Si uno se da cuenta, puede emplazar al Tetsuo (Jun, obviamente) y al Kaneda del manga, y encontrar un patrón de cambio de comportamiento (¡e incluso de aspecto!). Puede ser estrictamente personal y puedo estar muy equivocada, pero las similitudes estaban ahí y me apeteció compartirlas.

Por último, como siempre, me toca alabar el dibujo. Es agradable, pega perfectamente con la historia, las expresiones y gestos quedan plasmados perfectamente. No hay mucho más que decir, pero me encanta.

Y eso, que no os fiéis de lo rara que he escrito esta reseña y leáis este manga.

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